Alimentando paz

Arando la tierra de esculturas en surcos y  sembrando semillas de custodios nativos, la Agricultura familiar se antepone legendaria para dar de comer a millones de personas, que alrededor del mundo encuentran la mejor solución al hambre, con alimentación producida en la propia casa. Legitimarla es el principal legado del AIAF- 2014: El Año Internacional de la Agricultura Familiar, El Diálogo Mundial y el reciente Foro Rural en Bilbao, alientan diseños de políticas y programas globales, para impulsar a miles de mujeres y hombres, que desde siempre han producido y fomentado los cultivos abasteciendo mercados locales y accediendo a los mismos.

En Colombia se espera que pasen muchas cosas. Otras ya están sucediendo. Se espera un revolcón definitivo en la atención genuina al campo por parte del  Ministerio de Agricultura. Y las familias cultivadoras, deben permanecer bajo la protección de la sombrilla de un Fondo de Desarrollo Rural, en el que se promuevan y financien proyectos locales y regionales y a su vez se consolide el bienestar social de esas comunidades.

Para la Agricultura Familiar del país las cosas no han sido fáciles. Pero en invierno o verano,  lloviendo o haciendo sol, la siembra de algunos grupos como la Confederación Agrosolidaria, posibilita recoger una producción, que puesta sobre la realidad advierten una mirada diferente del Estado. Este decidido ejercicio de vida en cabeza de Mario Bonilla Romero, abraza a cuatro federaciones a nivel nacional y cinco seccionales. Abuelos, padres e hijos, le apuestan a una “vinculación orgánica de los Herederos, para asegurar la sostenibilidad social del proceso organizativo, productivo y de comercio justo campo-ciudad”. Está integrada por familias agricultoras, procesadoras, distribuidoras y consumidoras dentro de un circuito económico. La solidaridad es la fuerza del arado rotativo.

Hoy, cuando la erradicación del hambre en el mundo es principio superior y Objetivo de Desarrollo Sostenible, la Agricultura Familiar brota de la tierra con más fuerza que nunca. Incentivar a sus grupos asociativos y otorgarles más terreno en lo político, debe ser el compromiso próximo de la Institucionalidad global y colombiana. Familias que han cultivado paz en el campo, es el tiempo de recoger.

 

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